¿Qué hacemos?

Por ser la unidad encargada de contribuir, desde diferentes ámbitos, a la construcción de una cultura de igualdad sustantiva entre mujeres y hombres, partiendo de un enfoque de la perspectiva de los derechos humanos, con especial énfasis en el ejercicio de los derechos políticos-electorales de la ciudadanía, realizamos actividades principalmente de difusión y formación, mediante las cuales se dan a conocer los derechos que por igual debemos ejercer hombres y mujeres, así como de los mecanismos con los que contamos para hacerlos efectivos, destacando los avances legislativos y los que derivan de la actividad jurisprudencial y jurisdiccional del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), de otras instituciones del Estado Mexicano y de Organismos Internacionales.

Coadyuvamos en el plano interno: hacia el interior de la institución, y en el plano externo: con público en general, generando paradigmas y acciones tendientes a promover la igualdad de derechos, paridad de género y no discriminación.

 

¿Cómo institucionalizamos la perspectiva de género en las tareas eminentemente jurisdiccionales y en aquellas materialmente administrativas, ambas a cargo del funcionariado del TEPJF?

Fomentando una cultura institucional de igualdad de derechos, paridad entre géneros y no discriminación, a través de la promoción y difusión de los derechos de las personas libres de estereotipos.

 

¿Cómo se visualiza el género como política institucional?

  • A partir del derecho de todas y todos a un trato digno en el desempeño de nuestras actividades, con respeto a nuestros derechos en tanto individuos.
  • Con trato digno - brindarlo y recibirlo-, mismo que es un valor institucional que se fomenta desde la Dirección General de Igualdad de Derechos y Paridad de Género y que atañe a todas y todos quienes conformamos el funcionariado de este órgano jurisdiccional.
  • Mediante las acciones que contribuyen a su permanente ejercicio, que constituyen una constante en la que diversas áreas suman esfuerzos; en que las personas -el capital de mayor valía en una institución- gestan los cambios necesarios, al identificarse y valorar los efectos de una educación eminentemente masculinizada, de roles y estereotipos, que al generar límites, violencia o discriminación, deben repensarse y revertirse, para hacer efectiva la dignidad e igualdad entre las personas.